Los avisos de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) tiñen el mapa de rojo y las alertas de Protección Civil resuenan en los teléfonos móviles. Sin embargo, en los despachos, la inercia administrativa parece pesar más que el sentido común: los trenes, en un principio, debían seguir circulando mientras que no lo impidiera el temporal.

Esta es la crónica de las últimas jornadas, en las que desde SEMAF hemos tenido que trabajar a contrarreloj para imponer la lógica de la prevención frente a la temeridad operativa.

Valencia, 1 de octubre

Todo comenzó el pasado jueves 1 de octubre, cuando la predicción de alerta roja se cernió sobre el entorno de Valencia. Frente a la amenaza extrema, la postura inicial de Renfe y ADIF fue inmovilista; sencillamente, no querían detener las circulaciones ante las diversas instancias de SEMAF.

Para forzar la máquina y asegurar que hubiera constancia formal, desde SEMAF tuvimos que recurrir al envío de misivas urgentes a todos los implicados. Este paso burocrático fue solo la punta del iceberg de una maratón de numerosas llamadas y tensas negociaciones llevadas a cabo en todos los niveles de SEMAF, con los diferentes estamentos de la empresa y que se prolongaron hasta las 17:00 horas.

Finalmente, aceptaron con solo una hora de antelación tomar la decisión de suspender el servicio a las 18.00 horas, justo cuando la alerta de AEMET pasaba de naranja a roja.

La paralización de los trenes se consiguió porque ejecutiva y secciones actuamos como un bloque, con determinación y respaldados por el apoyo de las compañeras y compañeros que estaban a pie de vía, frente a los titubeos y cambios de criterio de la empresa según escalaba la decisión.

Cataluña, 3 de octubre

Apenas 48 horas después, la historia se repetía. Ayer día 3 de octubre, ante la alerta roja decretada por AEMET y METEOCAT en el ámbito de Cataluña, tuvimos que desplegar exactamente la misma sintonía de presión y trabajo, acompañadas de cartas a las diferentes administraciones para dejar nuevamente constancia de la situación de manera formal.

Resultaba profundamente incoherente que las autoridades aplicaran planes de emergencia, restringiendo la movilidad de la población, mientras se pretendía que los trenes continuaran su marcha.

Ejecutiva y secciones tuvimos que presionar y exigir otra vez, a todos los organismos implicados en el tráfico ferroviario, la paralización del servicio. En todas las intervenciones transmitimos a los responsables la negativa a circular ante el riesgo inminente de desprendimientos e inundaciones sobre las infraestructuras.

Solo en el momento en el que fueron conscientes de esto hicieron suya la decisión de suspender el servicio.


Prevención frente a temeridad operativa

La experiencia nos ha enseñado que jugar a apurar la circulación bajo temporales extremos es una auténtica temeridad. La perspectiva operacional no puede ser  la de que el tren avance hasta ver si se queda tirado o no para tomar decisiones.

El peligro no es únicamente transitar por una vía inundada; la realidad física es que, puede haber un corte de catenaria que puede dejar numerosas circulaciones atrapadas en plena vía en medio del temporal; es que a la salida de cualquier curva, el maquinista puede toparse con un árbol caído, una roca o un muro de tierra desplomado sobre el trazado, sin dejar el más mínimo margen de reacción…

Es incomprensible asumir el riesgo de hacer circular trenes en zonas bajo emergencia roja.


Burocracia que cuesta tiempo (y riesgos)

Tras la pasada huelga, se abrió la constitución de diversos grupos de trabajo, entre ellos uno impulsado por la Agencia Estatal de Seguridad Ferroviaria (AESF) para diseñar un protocolo específico de circulación ante riesgos atmosféricos. Desde SEMAF ya hemos hecho los deberes, presentando una propuesta detallada sobre cómo proceder en cada escenario.

Sin embargo, estamos a la espera de la siguiente reunión para zanjar el asunto, y tanto la AESF como ADIF les está llevando tiempo de más en estudiar los documentos y fijar una propuesta en firme, que está retrasando la solución.


Anticipación frente a reacción

La implantación de estos protocolos ahorraría a las operadoras estar perdiendo el tiempo para decidir cómo actuar en el último minuto.

Igualmente, con unas reglas claras y establecidas, se podría informar a los pasajeros con bastante anterioridad y con ello mejorar la calidad y la imagen ofrecidas. Se podría estudiar con más margen las alternativas que se les ofrecen e igualmente ellos también tendrán mayor capacidad de reacción.

La gestión de estas crisis no puede consistir en reaccionar de forma improvisada una vez que el riesgo ya se ha materializado, con todos los pasajeros y trabajadores atrapados en estaciones, sin posibilidades de transporte ni de restauración, sin apenas información y a altas horas de la noche. Situación provocada por la mala previsión e irresponsabilidad de Renfe como ocurrió el pasado sábado en Camp de Tarragona